José Manuel Prieto
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Un Viaje por Rusia
CARLOS ALBERTO AGUILERA, La Habana

"Livadia"
José Manuel Prieto
Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1999

De todas las novelas cubanas contemporáneas ninguna trastoca tanto la noción de territorio como Livadia de José Manuel Prieto. No sólo porque desubica su geografía en Yalta, Estambul, San Petersburgo, sino porque no participa de la ortopedia de veracidad que inscriben la mayoría de los narradores en la isla, y no padece de ningún complejo de edipo político, atavismo, deglución fácil.

Si es cierto que Cuba se ha convertido en moda: una jaula con ratones de circo siempre deviene moda, no es menos cierto que la pregunta por lo nacional y las referencias al telos como "variante de fuerza" ha sido una de las constantes de la literatura y el pensamiento romántico lírico de los últimos dos siglos...

Y es que evidentemente los escritores cubanos participan de un error: el de confundir lugar-donde-escriben con literatura, arcadia con creación, como si una determinada geografía fuera a otorgarle el boleto a la posteridad —haciendo legible lo que no es más que mala prosa— o la invención de un mito fuera a sacarlos del horror donde viven.

Pienso que una literatura sólo llega a su salto de edad cuando tacha la pregunta por lo nacional (el qué somos, donde estamos) y se construye como voz-en-juego, multiplicidad, caricatura; elaborando ficciones que ya no dependan de un lugar o país para sobrevivir, o de croniquitas trascendentales / metáforas mediosucias.

En este sentido Livadia resulta doblemente interesante. Rechaza de plano (José Manuel Prieto lo había intentado antes con Enciclopedia de una vida en Rusia) toda manipulación fácil desde el mapita "reconocible" de la isla: el negro, la jinetera, las calles de La Habana, etc., y mueve una serie de ficciones enroscadas en la escritura, las citas, las historias... donde el género aventura se combina con lo amoroso, y lo amoroso (entendido como deseo) con lo conceptual.

Y es que más que una novela Livadia podría ser pensada como una carta: los apuntes que se realizan para garrapatear una carta. Sus personajes, abocados siempre a una intertextualidad juguetona se cruzan alrededor de varios centros: el narrador, el lugar, su propia vida, el yazikus, y se inician en un mundo donde lo íntimo deviene público, lo ontológico descentramiento.

Si revisáramos bien veríamos que no hay nada más sutil en esta novela que el descentramiento, las maneras en que fuga de la fuga en sí: intercambiando constantemente elementos verificables (personajes que aparecen / desaparecen marcados por lo que se podría llamar rostro de carta), o abriéndole huecos a los diferentes relatos y empujándolos hacia su propia dirección.

¿Acaso la búsqueda del yazikus, mariposa sólo encontrable en la Depresión cáspica, no puede ser equiparable a la búsqueda de la ballena blanca por el capitán Ahab, y el oficio de la escritura (comparable, equiparable, verificable) a la búsqueda de la marioneta llamada yazikus?

Cuando un escritor se lanza a una novela, de la misma manera que un niño a una piscina, sabe que lo interesante no está en nadar bien o mal —eso es para los profesionales, dice un personaje de Truffaut— sino en combinar técnica con nohundimiento, destreza con línea de flote, y hasta donde se hojea en Livadia esto ha sido logrado. Lo demás viene con los años, los críticos, el canon... pero eso ya no importa. Una novela, es lo que pone en "peligro" al concepto creación.

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