José Manuel Prieto
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Trenta días en Moscú

LA VELOZ Y ESTRIDENTE METAMORFOSIS DE LA MOSCÚ POSTSOVIÉTICA

Cada parte del libro reseña una semana de sus Treinta días en Moscú, que abarcan el mes de julio de 2000. La primera escena acontece en un bar, donde el viajero se detiene a ordenar sus apuntes; enseguida anota: 'Este café no estaba el año pasado'.
Es la clave de sol de todo el trabajo, que consiste en un registro selectivo de las costuras del nuevo Moscú.

Como se trata de un excelente narrador, el libro atrapa cuando cuenta historias: por ejemplo, la sórdida situación de los pisos comunales, herencia de la era soviética, en los que una familia es capaz de desasistir a un anciano moribundo con tal de ganar un dormitorio para aliviar su hacinamiento. En esos pasajes, el libro parece un sugestivo apéndice de la excelente novela 'rusa' de Prieto, Livadia (Mondadori, 1999), a la que de hecho el autor remite en algún pasaje. O aquella ficción era estrictamente autobiográfica o este reportaje se deja impregnar por la invención: en todo caso, cada una tiene su verosimilitud y éstas son complementarias.

Treinta días en Moscú se estructura sobre un narrador ubicuo y una cierta polifonía -incorporando las voces de los personajes que el viajero encuentra: una escritora, un heraldo de la reverdecida nobleza rusa, un historiador de la ciudad-, un poco a la manera de Manhattan Transfer, de John Dos Passos.

Reseñas

treinta1 (22K) Mondadori, Barcelona
2001
josemanuelprieto.com
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